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Me está faltando algo

No es el clima. No es que me veo gorda. No es que el horóscopo me tiró mala onda.

Es que me falta algo.

Estoy viendo el vaso medio vacío.

Necesito una tarde con mis amigas, una vuelta por el shopping, un curso para aprender algo que me gusta.

Necesito algo que me saque de esta apatía que me tiene con cara de culo.

Las rutinas me desgastan. La repetición inconsciente de las tareas diarias me pesa. Estoy aburrida. Apática creo que es la palabra que mejor me describe por estos días.

Estoy viviendo una sucesión de días todos iguales. Tampoco es que antes las cosas fueran diferentes. Sólo que hoy me jode la rutina.

Me está faltando algo. Algo que me sacuda la modorra.

Y pienso. Pienso en qué estoy haciendo, en que cosas podría cambiar.

Pienso en el trabajo que tengo. En este en el que estoy ahora, cumpliendo horario. Un trabajo al que todavía no le encuentro la vuelta. Un trabajo que no me está dando satisfacciones. Tampoco grandes ingresos, pero eso es otra historia.

No me reconozco en este estado. Hasta me molesta. Andar arrastrando esta cara no es lo mío. El vaso medio vacío tampoco.

Será cuestión de salir a tomar aire. Poner en perspectiva las cosas que sí valen la pena, que si puedo cambiar.

Y volver a ver el vaso medio lleno.

 

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Duda existencial

Desde que escribí el post la semana pasada que esta idea me está dando vueltas en la cabeza.

De hecho, después de hacer el horario que me propuse y de CASI cumplirlo a la perfección, me siento culpable.

La cosa es que, en mi planificación semanal, me dejé las mañanas para mi. Es decir, el lunes dice BLOG e INSTAGRAM. Lo que vendría a ser en la práctica, sentarme a escribir, sacar fotos para jugar al #colorsolopami o practicar con la cámara de fotos.

Los martes, por ejemplo, dice PROYECTOS DIY!!! Ehhh no es que me crea una grosa de las manualidades, nonó, pero es que hay algunas cosas que quiero ir haciendo para ponerle onda a mi casa y por esto mismo de estar siempre a los corridas termino postergando.

Entonces acá me agarra un sentimiento de culpa. Esa sensación de que teniendo 35 años, dos hijos, un marido, una casa y muuuchas cuentas que pagar, debería estar #trabajandodesolasol.

Y me siento culpable y pienso que algo estoy haciendo mal, si con el bendito horario la semana pasada ordené/limpié toda mi casa, preparé las clases para el colegio y tuve BASTANTE tiempo para hacer las cosas que me gusta.

Tengo en la cabeza la imagen de que DEBERÍA estar trabajando más, llegar agotada a la noche, con ojeras y dolor de piernas!!!

Llego canasada, obvio, pero con la sensación de haber hecho durante el día cosas que me hacen bien!

Por qué entonces me siento mal? Por qué tengo esa sensación de que mi rutina debería ser distinta?

Si hay alguien del otro lado que me quiera tirar una soga, cagarme a pedo en cualquier idioma o tirarme buena onda, serán bienvenidos sus aportes 🙂

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Orden en la sala!

Necesito orden! Y lo necesito YA!

Y no me refiero SÓLO  al orden de mi casa, no no! Me refiero básicamente a que esta vida que tengo, no puede seguir así.

Visto y considerando que no puedo hacer que el día tenga más horas, que no tengo el don de estar en dos lugares al mismo tiempo y que aún no me crecieron brazos extras, debo hacer algo para ordenar las #multitareas de las que soy responsable (algunas voluntarias y otras #porquenomequedaotra). Y también quiero dedicarle tiempo a mi microemprendimiento recién en los comienzos bieenn iniciales y venir por acá más seguido, entre varias cosas más.

He tomado firmemente la decisión de volver a lo ordenada que era previo a ser madre. Podría decir, a mi época de estudiante.

En ese momento tenía un cronograma mental muy bien aceitado de a que hora le correspondía cada cosa. Básicamente, dos o tres tareas sencillas del tipo lavar los platos o poner el lavarropas, en los pocos minutos en los que levantaba el traste de la silla y sacaba los ojos de los libros.

Claro, eran otros tiempos. Las responsabilidades eran otras y a pesar de trabajar mi tiempo era mío y relativamente hacía con el lo que quería.

Sin embargo, junto con la maternidad, mi tiempo y muuchas otras cosas dejaron de ser mías para ser de mis hijos (también de mi trabajo, mi casa, mi #cuasimarido, los perros y varios etcéteras más).

Pero por mi salud mental y sobretodo, por el bienestar de mis hijos necesito buscarle un orden a este caos y debe ser cuanto antes.

Estuve pensando y hasta ahora la forma que me parece puede funcionar es hacer una lista de las 114.220 cosas que TENGO Y QUIERO HACER, y asignarles un día y horario en la semana. ME PARECE, que de esta forma libero un poco el caos mental y sobre todo ME OBLIGO a hacer lo que me toca hacer en ese momento y no pretender hacer 4 cosas simultaneamente.

(nótese primera experiencia con la cámara de fotos…)

Estoy armando el horario para esta semana… Veremos si SAN AGENDA se pone de mi lado y esto empieza a resultar…

 

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Cosas de la vida diaria

Lo lindo de hoy:

Tener un ratito para leer los blogs que me gustan.

Tomarme unos mates.

Comprarme un potecito de miel, y comerla con los scones que hizo Marina acá.

Comprarme el mix de semillas que me pidió mi doctora y ponerlas en la sopa que me hice el sábado.

Tener miles de cosas pendientes para hacer.

(que mala que soy sacando fotos!!!!)

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Espejos

Viste que dicen que los chicos son espejos de los padres? Bueno, no te dás cuenta hasta que te pasa.

Hoy me pasó. Mi nene más grande le dijo a la hermana “terminala”. Claramente esa palabra la digo yo. La digo cuando estoy cansada, cuando ya perdì la paciencia. Cuando el día se me hizo muy largo.

Me puse en alerta y esto termina de reforzar una idea que hace unos días me está dando vueltas. Hay muchas cosas que estoy haciendo mal y es momento de cambiarlas.

Aunque la verdad es que no sé muy bien por donde empezar.

En realidad creo que si sé. El cambio debe empezar por mí. Por la forma en la que me relaciono con los chicos. Por poder ponerme 5 minutos en su lugar y darle el tiempo que se merecen.

Entender que son niños, no pretender que sean adultos y reaccionen como tal.

Creo que así deben ser las cosas, no? O por lo menos así me gustaría que fueran.

Es un proceso diario. Permanente y constante.

Un desafío…

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Dominga Faustina

Hace como mes y medio comencé le docencia. No es que esa sea mi profesión, ni mucho menos. Es una de las (pocas, muchas?) opciones que me da una de las carreras que estudié.

Me venía resistiendo, lo reconozco.

Algunas de mis amigas/colegas ya lo venían haciendo, pero a mí me daba cierto… pánico? Enfrentarme a un grupo de hormonales adolescentes no era la imagen de desempeño profesional ideal.

Pero con la mudanza, el cambio de ciudad (y un largo etcétera de cambios propios) fue imperativo el cambio de desarrollo laboral (o el inicio de uno que aporte estabilidad laboral, para qué negarlo).

La cosa es que ahora soy la profe, o la viejadem, todavía no sé.

No es fácil, quién dijo que lo es? Cómo en TODOS los apectos de la vida, hay días más lindos y días no tanto.

Yo le sigo poniendo el pecho a las balas, o a los mochilazos que vuelan en el aula.

No tengo grandes pretensiones, también lo reconozco. Lo mío no va por el lado de lograr que mis 40 y tantos alumnos se conviertan en Pérez Esquivel, ni mucho menos.

Que me escuchen, que me entiendan y que algo de lo que intento transmitirles se les quede en el cuerpo, ya es un gran logro.

Las grandes pretensiones vendrán después. Supongo que de la mano de grandes pretensiones para mi propia vida…

 

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Malestares

Ayer me descompuse. Me pasé buena parte de la tarde “yendo de la cama al baño”.

Seguro, algo que comí me hizo mal. Ponele.

Yo más bien creo que fue otra cosa. No soy del tipo “las cosas pasan por algo, o lo que te pasa te lo manifiesta el cuerpo”, etc., etc.

Soy más bien del tipo, me comí todo y por algún lado tenía que salir.

Sin embargo, y en medio del delirio del malestar, me dije: “esto te pasa por el día de mierda que tuviste ayer”. Bah, por varios ayeres.

No estoy pudiendo poner la cabeza en orden. Ni hablar de poner mis cosas en orden.

Desde que tengo hijos que siento que mi vida dejó de ser mi vida para convertirse en algo ajeno. Todo, todo lo que hago parece estar medido con la vara del tiempo que me dejan libre los chicos. A veces creo que no debería ser así, pero si alguien tiene la receta de como lograr esto, #porfavorquemelapase.

Además, con la mudanza y cambio de ciudad se vino el proceso de búsqueda laboral. EL tema, diría yo. Que emprender algo. Que no, que buscar un laburo que dé ingresos fijos. Que mejor no.

Creo que el principal problema es que no sé que quiero. En realidad creo que sé, pero todo me dice que “de eso no se puede vivir”. Además no estoy sola, es decir, tengo una familia. No dá tirarme a hippie y que no me importe nada.

En el medio de todo esto, una necesidad importante de hacer cosas que me gustan. De tener un rato para tomarme un té ininterrumpido, sin que la mitad la tome helada.

Antes de ayer fue un día de esos. De té entrecortado. De charlas con cuasi marido para darle un rumbo a la economía familiar. De empezar a devolver las velas que le debemos a una larga lista de santos. Bah, no, al santo de mi papá basicamente.

Antes de ayer fue un día de esos malos. Y ayer el cuerpo me pasó factura.

Tendré que empezar a creer, no?

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Vida nueva en casa nueva

Me mudé. Hace un mes y unos días dejé el ruido frenético de las bocinas a las 7 AM por el “llamado” de las lechuzas a la medianoche.

Todavía no tengo cortinas en la habitación. Me debato entre poner unas horrendas que arrastro de casas pasadas o dejar pegado el papel madera que impide que mis vecinos me vean el traste a las 8 AM.

Todavía no colgué los espejos. Hace un mes que no me miro al espejo. No sé si tengo ojeras, si ya me toca depilarme las cejas o si me broté de rosacea otra vez.

Todavía vivo en un caos. Ya perdí la cuenta de la cantidad de cajas que apilo en el hueco del futuro placard. Me pongo contenta si puedo sacar un par de zapatos sin quedar enterrada entre las remeras del cuasi marido.

Pese a todo esto lo estoy disfrutando. Después de más de un año de vivir encerrada en una casa sin patio, ver verde desde todas las ventanas vale la pena.

Hasta parece que los chicos crecieron de golpe, o que le encontraron el gustito a ensuciarse con tierra, correr a los perros por el patio o juntar piedritas en baldecitos de plástico.

Tengo una lista enorme de cosas para hacer. De cosas que me gustaría hacer. Tengo ganas de tener tiempo :).

Tengo días lindos y otros no tanto.

Pero tengo, tengo muchas cosas y tengo la obligación de disfrutarlas…

 

 

 

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La madre ideal

He vuelto. Ni sé hace cuanto que no vengo por acá. Seguí leyendo a otras madres, pero tengo muy abandonado este espacio. Bah, tengo muchas cosas abandonadas, pero principalmente siento que me tengo abandonada a mí.

Hay días (la mayoría) que me siento desbordada. Me siento una especie de mujer-pulpo, una rara especie con múltiples brazos.Son muchas cosas y un solo cuerpo.

Los niños demandan. Supongo que todos, no sólo los míos. Los esposos también. Y sospecho que el mío tampoco es el único. La sociedad también demanda y ya ahí no se para donde correr.

Mucho se espera de las madres actuales. O mucho creemos que se espera de nosotras y actuamos en consecuencia. O al menos lo intentamos.

No sé como habrá sido la maternidad en la época de mi mamá y mi suegra. No sé que se esperaba de ellas ni cuánta autopresión se ejercían. Pero me miro, y miro a mis amigas y siento una pelota en el estómago.

Me pasa sólo a mí? Soy sólo yo la que día tras día acumula rutinas? Soy sólo yo la que a la noche piensa, que hice hoy de divertido, de distinto?

Hay días así, hay muchos. Y pienso y me enojo. Y pienso cómo puede ser que se me pasen los días entre platos sucios y ropa para lavar sin haber disfrutado aunque sea un rato de hacer algo divertido con los chicos?

Pienso y se me hace otro nudo en el estómago.

No me acuerdo como era mi mamá cuando yo era chica. No es una imagen que tenga muy presente. Pero me veo a mí, como soy y algo me hace ruido.
Siempre es así? O cuando los hijos crecen un poquito las cosas se acomodan?
Soy yo o a alquien más le pasa?
Me siento una mujer-pulpo. Y siento que entre tantas cosas que demandan se me están perdiendo cosas valiosas, no sólo con los chicos, sino también conmigo misma.
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Qué nos está pasando?

Hoy mi ciudad se sacudió la modorra de un medio día primaveral con una triste noticia. Desde el jueves buscaban a una mamá y su pequeña beba. Hoy las encontraron: la mamá estaba muerta y su beba había sido tirada al lado de su cadáver.

Ochenta horas pasaron hasta que alguien las encontró en una alcantarilla. Ochenta horas que esta peque estuvo sola, asustada, al lado del cuerpo de su mamá.

Se cree que el padre de la beba apuñaló a la mamá y tiró a la bebé esperando que se muriera en la caída.

Desde que supe la noticia no me puedo sacar la cara de la nena de la cabeza.  Literalmente. Y pienso. Pienso en mi beba, que tiene casi la misma edad.

Y pienso, este tipo tiene madre? Y si la tiene que piensa de él?

Pienso en que nos hemos convertido? Que nos pasa como sociedad que de pronto nos “sacamos de encima las cosas que nos molestan” de esta forma tan cruel?

Tengo un nudo en el estómago. Miro a mis hijos y pienso que tengo miedo del mundo en que les tocará vivir.