Esas benditas horas nocturnas

Desde que soy chica, no sé por qué, pero si algo andaba bien trataba de no cambiarlo. Entonces, si me había ido bien en un exámen, indefectiblemente en el próximo repetía los pasos casi exactos del exámen anterior. Si había hecho pis apenas me levanté, pues ahí estaba yo en el baño repitiendo el proceso.

No lo llamaría cábala, más bien me gusta llamarlo “ritual”. Y ahora, varios años después de haber terminado la escuela, me descubro haciendo lo mismo en el “ritual” previo a irme a dormir.

#labebé, graciasajebús, hace como 1 mes que no se despierta a la noche. Léase, se duerme tipo 10 pm, a las 12 pm se toma su última mamadera, cambio de pañales y zas, listas para irnos a dormir.

Entonces da comienzo “el ritual”, que no por sencillo hay que romperlo. Me lavo los dientes, me pongo el pijama (esto puede cambiar de orden, porque no altera el producto), y llevo a la habitación lo necesario para cambiarle los pañales “si se despierta a la noche”.

Y ahí me encuentro, a las 8 am, con el oleo, el paquetito de algodón y el pañal limpio…

Y ahí me doy cuenta que esas benditas horas nocturnas que #labebé me regaló son espectaculares, necesarias, disfrutables, aunque no sea  conciente de ello mientras las disfruto, con los ojos bien cerrados…

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