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Ser madre

Ser madre es mucho más que cambiar pañales, preparar mamaderas o tomar la fiebre.

Es decidir cómo educar, qué enseñar, qué valores transmitir.

Es mucho más que ir al pediatra, que hacer papillas, que preparar el baño.

Es preocuparse por un estornudo, es enseñar a comer, es levantarse de noche mil veces para ver si están tapados.

Ser madre es mucho más haber gestado y haber parido.

Es dedicar cada minuto del día para estar presente, para acompañar, para guiar.

Es dejar de lado nuestras necesidades para priorizar las necesidades de otro.

Es sentarse a dibujar aviones, enseñar a armar rompecabezas, o ver 3 veces los mismos dibujitos.

Ser madre es tener manos extras y estar en varios lugares a la vez.

Es enseñar a atar los cordones, es explicar la tabla del 2, es tirarse juntos por el tobogán.

Ser madres es mucho más que lo que hacemos todos los días.

Es un trabajo full time, sin vacaciones ni feriados y para toda la vida.

Por todo esto amigas, Feliz día para todas nosotras, por tener la dicha todos los días de Ser Madres!

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Qué pasa con los hombres?

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O somos nosotras?

En qué momento los derechos y libertades conseguidas nos dejaron en esta situación de desventaja?

Nadie puede negar el cambio que produjo en la historia del mundo moderno el que las mujeres podamos estudiar, votar, ejercer nuestras profesiones y decidir por nosotros mismas. Pero alguien se puso a pensar lo que todas estas libertades iban a generar en las mujeres?

Alguien se puso a pensar que nos pasa a las mujeres modernas? Que sentimos en nuestro día a día? En nuestra lucha constante por tratar de cumplir con todo lo que se espera de nosotras?

No me imagino viviendo en otra época que no sea esta en la que me toca vivir. No me imagino relegada a la cocina de una casa, sólo dedicándome al cuidado de mis hijos y a las tareas domésticas.

Que se entienda: no reniego de ese papel, sólo que agradezco tener la posibilidad de desarrollarme en otros ámbitos.

Sin embargo, y a raiz de esto mismo, de gozar de los derechos y libertades que otras mujeres anteriores a mi se esforzaron en conseguir, pienso en nosotras, en las mujeres modernas y me queda un sabor amargo que no me puedo sacar.

Tengo 33 años, dos títulos universitarios y trabajo por mi cuenta. Tengo 2 hijos, chiquitos, que me necesitan y demandan mi atención permanentemente. Tengo una pareja. Un trabajo. Una casa. Amigas.

Miles de tareas diarias, de responsabilidades, de “pequeñas obligaciones” que pareciera que nadie más puede hacer. No era eso ser mujer? No era esa nuestra función en la vida? La casa y los hijos.

Pero no. Yo creo que no. O quizás estoy equivocada.

No era que ahora podíamos votar, estudiar, trabajar? Y en estas nuevas funciones como repartimos las tareas? Como compartimos responsabilidades con nuestra pareja? Con el padre de nuestros hijos?

Ah nó!, el proceso inverso todavía no vio la luz del sol. El hombre sigue siendo hombre.

Como hace mil años. Como el hombre de las cabernas.

El hombre trabaja, provee. Sale de casa. Tiene vida social. Hace deportes. Se supera. Lo ascienden en el trabajo. Es exitoso. Es más hombre.

En casa seguro tiene una mujer multiprocesadora. Una mujer como las de antes, pero ahora. Una mujer que se carga al hombro las idas al super, las consultas con el pediatra, la cocina sana y divertida para los chicos, el lavarropas, la plancha, el veterinario del perro, los regalos de cumpleaños.

El hombre seguro tiene en casa una super mujer. Y nosotras que?

Después de todo esto, nosotras que?

Votamos? Sí. Estudiamos? Sí. Pero a qué precio?

Ganamos en el proceso? Qué precio tuvimos que pagar?

Cómo llegamos a este punto? En qué momento de la historia se distorsionó todo que ahora parecemos pulpos tratando de hacer todo lo que se espera de nosotras, y más?

No quiero ser una mujer pulpo. Me niego a pasar los próximos diez, quince años, rodeada de culpa.

Culpa por que no planché la ropa. Culpa por que otra vez esta semana pedí delivery. Culpa por que mientras trabajo desatiendo a los chicos. Culpa por que cansada, agotada, pierdo la paciencia y me convierto en una madre ogro transformada. Culpa por que dejo a mi pareja en el último lugar de la lista, y sé que seguro me van a reclamar. Culpa por que el día no tiene más horas.

Qué pasa con los hombres? O somos nosotras?

Qué pasa que dejamos un día más que el hombre “descanse” mirando tele mientras nosotras cocinamos mientras jugamos con los chicos? Qué pasa que no exigimos ayuda? Pero no esa ayuda que se puede pagar, esa ayuda que surja del compromiso de ponernos en el mismo lugar. Esa ayuda que nos ubique a los dos compartiendo roles, responsabilidades.

Son ellos o somos nosotras?

Me gusta ser mujer en esta era. Me gusta ser madre. Me gusta trabajar afuera de mi casa. Me gusta ver a mis amigas. También me gusta llegar a una casa limpia, ordenada, con comida en la heladera. Sólo que no me gusta que la única que se encargue de todo esto, sea yo.

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Tengo un cuerpo cansado

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Tengo un cuerpo cansado. Un cuerpo que deambula por la casa arrastrando los pies.

Cual batería que se va agotando, veo pasar las horas del día mientras me disminuye la energía.

Me disminuye la paciencia. Las ganas de hacer cosas.

MIro a mi alrededor y me debato entre terminar miles de tareas domésticas pendientes o hacer de cuenta que no existen y dejar que el sillón me abduzca cual nave espacial y me devuelva a la realidad renovada, descansada.

A veces pienso, muy a menudo a decir verdad, cómo hacían las mujeres antes que yo. Mi madre, mi suegra, incluso mis abuelas para criar a los hijos.

Si yo enloquezco como leona enjaulada frente a platos sucios, ropa para lavar, juguetes que guardar que hacían ellas? Cómo sobrevivieron sin lavarropas? Sin microondas? Sin pañales descartables?

Y entonces pienso que yo no estoy tan mal. O que podría ser peor.

Cómo ser madre y no morir en el intento?

Cómo compatibilizar la maternidad, la pareja, el trabajo, la vida social (un poco aunque sea) sin quedarse a mitad de camino?

Estos días no estoy pudiendo. SImplemente mientras atiendo algo, indefectiblemente desatiendo algo.

Y me siento culpable. Por que tengo que resignar las tardes con los peques para dedicarme al trabajo y me da culpa.

Para peor, cuando dejo el trabajo ya ni energías tengo. Y paciencia menos.

Me consuelo pensando que es temporal, que pronto las tardes volverán a ser mías. De mis peques. Que vendrán tardes de plaza, de visitar amigos, de jugar en el pasto.

Entonces espero que este cuerpo cansado recupere un poco de energía. Que vuelva a ser útil para ser madre.

Para ocuparse de miles de pequeñas y de grandes cosas, sin morir en el intento.