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Malestares

Ayer me descompuse. Me pasé buena parte de la tarde “yendo de la cama al baño”.

Seguro, algo que comí me hizo mal. Ponele.

Yo más bien creo que fue otra cosa. No soy del tipo “las cosas pasan por algo, o lo que te pasa te lo manifiesta el cuerpo”, etc., etc.

Soy más bien del tipo, me comí todo y por algún lado tenía que salir.

Sin embargo, y en medio del delirio del malestar, me dije: “esto te pasa por el día de mierda que tuviste ayer”. Bah, por varios ayeres.

No estoy pudiendo poner la cabeza en orden. Ni hablar de poner mis cosas en orden.

Desde que tengo hijos que siento que mi vida dejó de ser mi vida para convertirse en algo ajeno. Todo, todo lo que hago parece estar medido con la vara del tiempo que me dejan libre los chicos. A veces creo que no debería ser así, pero si alguien tiene la receta de como lograr esto, #porfavorquemelapase.

Además, con la mudanza y cambio de ciudad se vino el proceso de búsqueda laboral. EL tema, diría yo. Que emprender algo. Que no, que buscar un laburo que dé ingresos fijos. Que mejor no.

Creo que el principal problema es que no sé que quiero. En realidad creo que sé, pero todo me dice que “de eso no se puede vivir”. Además no estoy sola, es decir, tengo una familia. No dá tirarme a hippie y que no me importe nada.

En el medio de todo esto, una necesidad importante de hacer cosas que me gustan. De tener un rato para tomarme un té ininterrumpido, sin que la mitad la tome helada.

Antes de ayer fue un día de esos. De té entrecortado. De charlas con cuasi marido para darle un rumbo a la economía familiar. De empezar a devolver las velas que le debemos a una larga lista de santos. Bah, no, al santo de mi papá basicamente.

Antes de ayer fue un día de esos malos. Y ayer el cuerpo me pasó factura.

Tendré que empezar a creer, no?

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Vida nueva en casa nueva

Me mudé. Hace un mes y unos días dejé el ruido frenético de las bocinas a las 7 AM por el “llamado” de las lechuzas a la medianoche.

Todavía no tengo cortinas en la habitación. Me debato entre poner unas horrendas que arrastro de casas pasadas o dejar pegado el papel madera que impide que mis vecinos me vean el traste a las 8 AM.

Todavía no colgué los espejos. Hace un mes que no me miro al espejo. No sé si tengo ojeras, si ya me toca depilarme las cejas o si me broté de rosacea otra vez.

Todavía vivo en un caos. Ya perdí la cuenta de la cantidad de cajas que apilo en el hueco del futuro placard. Me pongo contenta si puedo sacar un par de zapatos sin quedar enterrada entre las remeras del cuasi marido.

Pese a todo esto lo estoy disfrutando. Después de más de un año de vivir encerrada en una casa sin patio, ver verde desde todas las ventanas vale la pena.

Hasta parece que los chicos crecieron de golpe, o que le encontraron el gustito a ensuciarse con tierra, correr a los perros por el patio o juntar piedritas en baldecitos de plástico.

Tengo una lista enorme de cosas para hacer. De cosas que me gustaría hacer. Tengo ganas de tener tiempo :).

Tengo días lindos y otros no tanto.

Pero tengo, tengo muchas cosas y tengo la obligación de disfrutarlas…