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Vida nueva en casa nueva

Me mudé. Hace un mes y unos días dejé el ruido frenético de las bocinas a las 7 AM por el “llamado” de las lechuzas a la medianoche.

Todavía no tengo cortinas en la habitación. Me debato entre poner unas horrendas que arrastro de casas pasadas o dejar pegado el papel madera que impide que mis vecinos me vean el traste a las 8 AM.

Todavía no colgué los espejos. Hace un mes que no me miro al espejo. No sé si tengo ojeras, si ya me toca depilarme las cejas o si me broté de rosacea otra vez.

Todavía vivo en un caos. Ya perdí la cuenta de la cantidad de cajas que apilo en el hueco del futuro placard. Me pongo contenta si puedo sacar un par de zapatos sin quedar enterrada entre las remeras del cuasi marido.

Pese a todo esto lo estoy disfrutando. Después de más de un año de vivir encerrada en una casa sin patio, ver verde desde todas las ventanas vale la pena.

Hasta parece que los chicos crecieron de golpe, o que le encontraron el gustito a ensuciarse con tierra, correr a los perros por el patio o juntar piedritas en baldecitos de plástico.

Tengo una lista enorme de cosas para hacer. De cosas que me gustaría hacer. Tengo ganas de tener tiempo :).

Tengo días lindos y otros no tanto.

Pero tengo, tengo muchas cosas y tengo la obligación de disfrutarlas…

 

 

 

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La madre ideal

He vuelto. Ni sé hace cuanto que no vengo por acá. Seguí leyendo a otras madres, pero tengo muy abandonado este espacio. Bah, tengo muchas cosas abandonadas, pero principalmente siento que me tengo abandonada a mí.

Hay días (la mayoría) que me siento desbordada. Me siento una especie de mujer-pulpo, una rara especie con múltiples brazos.Son muchas cosas y un solo cuerpo.

Los niños demandan. Supongo que todos, no sólo los míos. Los esposos también. Y sospecho que el mío tampoco es el único. La sociedad también demanda y ya ahí no se para donde correr.

Mucho se espera de las madres actuales. O mucho creemos que se espera de nosotras y actuamos en consecuencia. O al menos lo intentamos.

No sé como habrá sido la maternidad en la época de mi mamá y mi suegra. No sé que se esperaba de ellas ni cuánta autopresión se ejercían. Pero me miro, y miro a mis amigas y siento una pelota en el estómago.

Me pasa sólo a mí? Soy sólo yo la que día tras día acumula rutinas? Soy sólo yo la que a la noche piensa, que hice hoy de divertido, de distinto?

Hay días así, hay muchos. Y pienso y me enojo. Y pienso cómo puede ser que se me pasen los días entre platos sucios y ropa para lavar sin haber disfrutado aunque sea un rato de hacer algo divertido con los chicos?

Pienso y se me hace otro nudo en el estómago.

No me acuerdo como era mi mamá cuando yo era chica. No es una imagen que tenga muy presente. Pero me veo a mí, como soy y algo me hace ruido.
Siempre es así? O cuando los hijos crecen un poquito las cosas se acomodan?
Soy yo o a alquien más le pasa?
Me siento una mujer-pulpo. Y siento que entre tantas cosas que demandan se me están perdiendo cosas valiosas, no sólo con los chicos, sino también conmigo misma.
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Qué nos está pasando?

Hoy mi ciudad se sacudió la modorra de un medio día primaveral con una triste noticia. Desde el jueves buscaban a una mamá y su pequeña beba. Hoy las encontraron: la mamá estaba muerta y su beba había sido tirada al lado de su cadáver.

Ochenta horas pasaron hasta que alguien las encontró en una alcantarilla. Ochenta horas que esta peque estuvo sola, asustada, al lado del cuerpo de su mamá.

Se cree que el padre de la beba apuñaló a la mamá y tiró a la bebé esperando que se muriera en la caída.

Desde que supe la noticia no me puedo sacar la cara de la nena de la cabeza.  Literalmente. Y pienso. Pienso en mi beba, que tiene casi la misma edad.

Y pienso, este tipo tiene madre? Y si la tiene que piensa de él?

Pienso en que nos hemos convertido? Que nos pasa como sociedad que de pronto nos “sacamos de encima las cosas que nos molestan” de esta forma tan cruel?

Tengo un nudo en el estómago. Miro a mis hijos y pienso que tengo miedo del mundo en que les tocará vivir.

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Desobedecer a los hijos

Me pasa sólo a mí o todos los abuelos son así?

Espero que sea colectivo, para no sentirme la única. Basta que yo le diga a #elmayor que no va a ver dibujitos, para que su abuela, es decir mi mamá, agarre el control remoto y con una ancha sonrisa en la boca le brinde a mi hijo una sesión de Disney Junior.

A la mierda mis denodados esfuerzos para que el chico haga otra cosa que no sea sentarse frente al tele y desaparecer de la tierra hasta la próxima tanda de publicidades, gracias má!

Será una cuestión de consentir a los nietos o sólo un arranque desafiante de mi mamá como diciendo “mirá yo soy la buena y vos sos la mala :)”?

Después de este episodio me quedé pensando… Cómo reacciono? Me enfrento a mi vieja con cara de culo? Así de una me convierto en la mala. La dejo? Igual es la primera vez que lo hace, y estamos en su casa.

O ensayo para la próxima un sofisticado discurso de porqué el niño no puede ver tele cuando quiera (en este discurso habría otras varias paradas de carro, pero es para otro post)?

Por esta vez la dejé, era la primera vez y estábamos en su casa…

Igualmente veo muy cercano el momento memorable del discurso “parador de carro” hacia mi vieja. Momento memorable donde todos nuestros desacuerdos dejarán de ser “el innombrable” para ser Voldemort 🙂

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Corazón con aujeritos

Venía pensando algunos temas, algunas cosas que contar en mi próxima entrada, pero hace un rato una noticia me dio pie para escribir esto. Mi primer acercamiento al mundo blog, fue a través de ella, de @estaquetepario. La leí y sentí que era yo misma la que estaba escribiendo esas palabras. Hoy publicó su último post (que podés leer acá http://estaquetepario.com/2014/04/28/final-abierto/) y se me llenó de agujeritos el corazón. Me siento así como que me falta algo. @estaquetepario brindo por un nuevo comienzo y un final abierto con muchas cosas lindas…

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Eso que creés que nunca te va a pasar

Cómo puede ocurrirte a vos si te pasás el día entero (o casi) con ellos. Si sabés a que hora comieron, cuantos pañales les cambiaste (o la versión del mayor cuantas veces fue al baño), que juguetes usaron.
Cómo te puede pasar a vos, si desarrollaste ojos en la espalda, manos extras y un súper oído infalible.
Y aún así te pasa. Y te sentís la peor madre del mundo, así como me siento yo.
El sábado se me quemó la pequeña con el agua caliente para el mate. Fueron dos segundos que bastaron para dejarle tremenda quemadura en todo el tobillo derecho. Escucharla llorar es de las peores cosas que escuché, te desgarra por dentro, se te clava en el cerebro y la escucho a cada rato. Me siento culpable, muy culpable.
No me sentí así el año pasado cuando con tres meses la tuvimos que internar con bronquiolitis. Asimilé que era un cuadro que se había complicado y era mejor tenerla observada. Iba a estar mejor lejos de casa.
Pero hoy, cuando el cirujano me dice “injerto”, “anestesia general” “curaciones”, todo me da vueltas y en lo único que pienso es en esos dos segundos en que me descuidé, en el que cerré los ojos extras y se tiró el termo del mate, justo ese día que el agua se me había hervido.
Querida Sofy, no te puedo explicar con palabras lo mal que me siento, cada vez que te curan y te cruzan dos grandotas lágrimas por esos cachetotes tuyos no puedo evitar pensar que estás ahí por mi culpa, por mi descuido.
Y si te queda alguna secuela? Y si resulta que este pequeño, por suerte, accidente doméstico termina siendo más grande?
En unos días tendremos un panorama más claro de como evoluciona la quemadura, mientras tanto trato de sacarme de la cabeza la imagen de mi pequeña rodeada de doctores…